jueves, 21 de marzo de 2013

Atada a la nada

Atada a la nada... Atada, de manos cruzadas, en la propia cárcel de la vida misma. Sin más remedio que volar entre las cuatro paredes que nos contienen, tu allá, yo acá. Tan cerca y tan distante, es la situación perfecta e ideal para quedarse quieta y escuchar el más puro silencio, ese negro y tormentoso silencio que viene a envolver nuestras almas y fuerzas de crecimiento. 
No trates de adornar la realidad, he quedado de manos atadas a mi propia vida, inmovilizada en medio de la nada. 
Veo allá atrás la guitarra, esa que en otros tiempos te cantaba, te hacía sonreír, y que hoy no significa nada. Escucho de fondo las canciones que cantabas, canciones que hoy han sido olvidadas. Siento en mi espalda el roce de tus manos, manos que has quitado de mi vida. Siento en mi alma el ir y venir de las olas de esa playa, playa que he olvidado el camino. Saboreo el sabor dulce de tu amor, amor que se ha ido de mi   boca volando para no volver. Siento el olor del perfume de tu piel, perfume que hoy no es más que el recuerdo de la perfecta armonía de tu piel. 
Atada a la nada... Atada, de manos cruzadas mientras veo como vuelas a otra magia.