Uno vive queriendo ser aceptada. Cuando llega alguien y dice que te ama tal y cual eres, ¿qué tan cierto será?, si después de un tiempo eres recriminado por lo que eres. Las cosas cambian, los colores débiles se van y vienen los fuertes, los de pasión, rabia, tensión, los negros, los oscuros. Los que en realidad no son colores. Caminando sola por este pasaje me encontré con sorpresas inesperadas, sorpresas que hieren y envenenan el alma, sorpresas que uno desearía no tener, sorpresas que hacen que odie las sorpresas.
Siempre he sido igual, y hace un tiempo atrás dijiste, aceptaste y amaste mi forma de ser. En cambio hoy, la odias, la recriminas, y la dejas a un lado con un simple hecho de no querer hablar más. Está bien, te respeto lo que más puedo, y dentro de esto mismo me siento obligada a pasarme a llevar a mi, a mis principios a mi maldita forma de ser. Perfecto tengo todo el error en mis manos, tengo toda la responsabilidad en mi cuerpo, qué más queda ahora, que ya no aguanto este dolor en mi garganta de tanta contención de llanto y angustia en mi corazón.
Por pensar en el resto, por hacerlo, por ser así hoy pago la más cruda consecuencia, la mas dura y dolorosa penitencia... Tus gritos, tu odio, tu rabia, tu pena, tu dolor, tu adiós.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario